Hay un tiempo para todo, como dice el Eclesiastés. Y podríamos agregar: un tiempo para correr de manera independiente y otro para unirse.

Samuel Doria Medina acaba de hacer un llamado a concentrar el voto opositor que se puede calificar de extemporáneo, inoportuno o anticipado.

En un sistema de segunda vuelta, el ballotage es precisamente el momento para el voto útil, quedando liberada la primera vuelta para que el votante sufrague por quien mejor le convenza y no simplemente por el mal menor.

De acuerdo a los sondeos y proyecciones divulgados por un diario nacional, no habría ningún candidato que se acerque al 40% que exige la legislación para un triunfo en primera vuelta.

En ese marco, el voto útil es sólo una falacia para arrimar votos a una candidatura a la que se busca favorecer, no un imperativo de la lucha democrática.

Hoy por hoy, el mantra de la unidad distrae del imprescindible debate sobre las cualidades que debería tener el candidato opositor, sobre todo si, como dice Doria Medina, se prevé “una etapa de inestabilidad con muchos desafíos” en el próximo gobierno.

¿Realmente se puede pensar que el multirenunciante Carlos Mesa sería el piloto indicado para un periodo de ese tipo?

Es curioso que este supuesto “llamado a la unidad” venga de quien fuera el tercer candidato en 2005 y 2009, y que sólo alcanzó el segundo lugar en el 2014 con la estructura de otro partido aliado (como vice de Jaime Paz Zamora, en 1997, había quedado en cuarto lugar).

Samuel también pone como ejemplo unitario al 21F, olvidando que la clave para ese éxito fueron los esfuerzos múltiples y autónomos, no una campaña centralizada, vertical y personalista.

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