Alejandro Melgar Pereira*

Hace 10 años, la infamia y la traición iniciaron la destrucción del proceso autonomista cruceño, que se proyectó exitosamente hacia Bolivia toda. Y fue así que con el fraguado Caso Terrorismo se consolidó la toma militar, económica y moral de lo que llevó décadas consolidar.

La única alternativa de la dictadura reinante era combatir con infamia y con terrorismo de Estado porque, con nosotros presentes, había recibido sólo históricas derrotas en el ítem autonómico.

Esta afectación no solo destruyó familias, honras, presentes y futuros; sino que develó lo que era un secreto a voces: que la trama orquestada por el gobierno de Morales contaba con la anuencia cómplice de los que hoy se muestran en sociedades concubinales con los perseguidores de sus coterráneos.

Los perseguidos políticos llevamos marcado en el alma nuestro innegable e innegociable deseo de retornar triunfalmente a recuperar lo que es nuestro por derecho inalienable. La pregunta es: ¿dejaremos que los traidores de hoy sigan postergando y robando el anhelo de nuestro Santa Cruz y a Bolivia?

Ha transcurrido una década, hemos dejado todo atrás y miramos hacia adelante. Sin embargo, sólo con una acérrima unidad podremos poner fin a este capítulo negro de la fallida óptica egoísta del falso cruceñismo, de la bolivianidad prebendalista, de esos que aman a su tierra según llenan sus alforjas con dinero de contratos públicos o regalos del Jefazo.

Nuestros nombres no quedarán nunca en el olvido, nuestra lucha fue histórica y de eso se está cosechando éxitos. Nuestro sacrificio vale la pena porque seguimos existiendo en el presente de nuestro pueblo batallador, por más que algunos -no pocos- se esfuercen en generar olvido para prorrogar sus pingües beneficios económicos y egoístas.

Exijamos y luchemos por la verdadera justicia, no por los honrosos homenajes en privado. Exijamos que la verdad sea nuestra guía para que el retorno sea efectivo.

Reivindiquemos nuestra lucha, para que el padecimiento de todos estos años de lucha silente por nuestros innegables principios tenga como corolario la recuperación efectiva de nuestra democracia.

Por sus actos los conoceréis, dice la Biblia.
Ya no es tiempo de cobardes ni de pusilánimes actitudes.
¡La verdad nos hará libres!

*Secuestrado político

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