El 10 de septiembre de 2012, Carlos Mesa escribió en defensa de Cecilia Chacón, a raíz de su decisión de renunciar al cargo de Ministra de Defensa por la represión a los marchistas indígenas en Chaparina.

En el artículo “Una cuestión de valores”, el ex presidente señalaba que “La razón de su renuncia fue ética. No estuvo de acuerdo con la decisión del gobierno (que incluye a todas sus autoridades) de responder con la represión a la marcha de los indígenas del TIPNIS. (…) Lo que ella defiende es un valor esencial y más que necesario en nuestra sociedad, el de la coherencia moral más allá de las ideologías”.

Mesa agregaba que quienes tildaban a Chacón de traidora “confunden lealtad con obsecuencia, adhesión con complicidad, y descalifican a quien opta por un camino de fidelidad a su conciencia, porque ellos no son capaces de actuar coherentemente. En Bolivia ha sido característica dominante el que los errores o los delitos cometidos por los políticos no generan consecuencias. (…) El poder es frecuentemente impermeable a palabras como ética, principios, consecuencia, responsabilidad y dignidad. (…) Lo que la exministra defiende son valores humanos, derechos fundamentales, una visión sobre nuestra comunidad que comparto plenamente. Este es el secreto de una mirada democrática, pluralista y horizontal”.

El respaldo brindado en aquel entonces por el ex mandatario contrasta con el silencio que mantiene actualmente, cuando Cecilia Chacón, en calidad de concejal del municipio de La Paz, denuncia actos de corrupción de sus copartidarios de Sol.bo y se enfrenta a múltiples presiones internas.

Como decía Groucho Marx: “Si no le gustan mis convicciones, tengo otras”.

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