El senador Oscar Ortiz es un joven político y empresario de Santa Cruz de la Sierra, candidato a presidente por la Alianza Bolivia dice No (a la reelección de Evo Morales). En esta entrevista, fundamenta las razones por las cuales la oposición está resuelta a enfrentar al mandamás de su país en las elecciones de octubre y advierte que un nuevo Maduro se incuba progresivamente en el Altiplano, ahora ya muy cerca del Paraguay.

Entrevista de Hugo Ruiz Olazar

–Senador, se lo conoce por su defensa de la democracia, la lucha contra la corrupción, la promoción de los derechos humanos y su compromiso por una Bolivia democrática. ¿Su candidatura es testimonial o de verdad piensa enfrentar a un Presidente al que se atribuye el control absoluto del poder?

–Efectivamente, estamos enfrentando unas elecciones contra un Presidente que se quiere presentar de nuevo a pesar de que la Constitución prohíbe la reelección. En el referéndum de febrero de 2016 casi seis millones de bolivianos ratificaron esa prohibición cuando se votó mayoritariamente por el No a la reforma de la Constitución.

–Pero el Presidente ya está en carrera de nuevo

–En Bolivia estamos viviendo un proceso de golpe a la Constitución. La falta de independencia de la justicia ha dictado al Tribunal Constitucional un fallo que califica como un derecho humano (de Morales) la reelección indefinida, contraviniendo nuestra propia Constitución. El Tribunal Constitucional debe velar porque se respete la Constitución, no mutilarla ni desconocerla. El Tribunal hizo lo mismo que ya hizo Daniel Ortega en Nicaragua.

–¿Cuál es la diferencia?

–Que en Bolivia tuvimos un referéndum que dijo No a la reelección, lo que además refuerza la prohibición y fortalece la legitimidad de nuestro reclamo. Nosotros no vamos a dejar el espacio libre. No vamos a cesar de reclamar en los foros internacionales, dado que en Bolivia ya no existe la justicia independiente. No se puede mal utilizar la Convención Interamericana de Derechos Humanos para justificar la elección indefinida. Al mismo tiempo estamos trabajando intensamente para ofrecer una alternativa al pueblo boliviano, con la presentación de dos candidatos nuevos que, a diferencia de los otros candidatos, no hemos sido presidentes en el pasado (también se postulan el expresidente Carlos Mesa, de 65 años, y el expresidente Jaime Paz Zamora, de 79 años). Ni siquiera hemos sido candidatos a estos cargos. Somos una nueva generación pero tenemos experiencia. Hemos estado como oposición a este gobierno durante los 13 años que ha durado el mismo hasta el momento, siempre defendiendo la democracia, denunciando los atropellos a los derechos humanos y también denunciando la gran corrupción en la que ha caído este gobierno.

–El hecho de que la oposición participe ¿no es una manera de avalar al régimen?

–Bueno, no hay ni salida ni respuesta buena a esa pregunta porque el dilema es muy complejo. Obviamente si participamos podría entenderse como una forma de avalar esa candidatura, pero sabemos que hay una mayoría de bolivianos que ya tiene decidido votar en contra de Evo Morales. Hay que tener presente lo que pasó en Venezuela al inicio del Gobierno de Chávez. La oposición no se presentó a las elecciones y eso le permitió a Chávez consolidar el poder de un régimen que dura prácticamente ya casi 20 años. Es cierto, somos conscientes de que el árbitro no es imparcial, que la cancha está inclinada, que la tribuna ha sido tomada. Pero estamos resueltos a defender nuestra democracia desde el ámbito legal, constitucional y legítimo. Esa es nuestra fuerza.

–Algunos opositores consideran que este tipo de procesos es parte de un proyecto supranacional para consolidar el comunismo.

–No sé a qué referentes se referirá usted, pero está claro que no es ninguna novedad que Evo Morales pues, sigue el modelo chavista y que tiene una inmensa dependencia de la dictadura de Venezuela y de Cuba. Pero hay que ser realistas. Los bolivianos no podemos esperar que desde afuera nos arreglen nuestro problema. Somos los que estamos aquí adentro los que tenemos que luchar para evitar que nuestro país siga el camino de Venezuela y Nicaragua.

–Esa presencia de chinos, rusos, venezolanos, cubanos y su coqueteo con los militares, más las denuncias de narcotráfico, ¿eso no desalienta la actividad de la oposición?

–Nosotros siempre hemos denunciado el sometimiento del gobierno de Evo Morales al régimen chavista. Incluso yo recientemente he declarado en una entrevista que prácticamente Evo Morales ha entregado nuestra política exterior a la dictadura de Maduro con nuestras embajadas que defienden a esa dictadura, cruel y asesina. Es verdad que muchas veces, la gravedad de la crisis en Venezuela y Nicaragua hace que el caso de Bolivia pase desapercibido a nivel internacional. Bueno, nosotros estamos tratando de informar y concientizar, especialmente a nuestros países vecinos, de que en Bolivia se está viviendo un proceso de alteración del orden constitucional en los términos definidos en la carta interamericana.

–¿Cuáles son los pasos concretos que lleva adelante la oposición?

–Lo primero es que pedimos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que trate lo antes posible la demanda que hemos presentado para que se declare inconstitucional esta reelección de Evo Morales y se establezca que no se puede utilizar el argumento de los derechos humanos para justificar la reelección indefinida. Al mismo tiempo, estamos trabajando para ganar las elecciones, para que haya efectivo control electoral y se reconozca y respete el resultado de la votación popular.

–En Paraguay tenemos un exiliado muy conocido y muy respetado en la sociedad, el exgobernador de Tarija Mario Cossío. Según Acnur hay un millar de exiliados, presos políticos y dicen que hasta muertos, ¿Es así?

–Este es un régimen autoritario que ha empleado la persecución selectiva a un determinado número de personas para infundir temor en el conjunto de la población. Es una nueva forma que difiere por ejemplo de lo que sería un régimen totalitario como el cubano pero igualmente muy efectivo. Lo que la comunidad internacional olvida es que en Bolivia, efectivamente, durante el régimen de Morales ha habido decenas de muertos por violencia política, algunos por acción directa del Estado pero hay alrededor de 900 refugiados bolivianos, reconocidos oficialmente por Acnur, y algunas decenas de asilados reconocidos por otros países. En el país tenemos todavía algunos presos políticos que llevan muchos años privados de su libertad, ocho en algunos casos, casi 10 en juicios que nunca terminan, cuando las leyes bolivianas dicen que solo deben durar tres años los juicios. También hay personas con detenciones domiciliarias o con distintas medidas. Son acosos que al final les ha forzado a partir al exilio. En fin, se persigue a los que piensan distinto. Nos queda una caricatura, una fachada de democracia. En la realidad los ciudadanos vivimos en un estado de indefensión. Mientras uno no se meta con ellos no le va a pasar nada, pero con claros ejemplos de represalias, juicios y cárcel contra políticos, empresarios o periodistas que han osado criticar al régimen.

–¿En qué se diferencia de las dictaduras del siglo XX?

–Lo que tenemos que entender es que, a diferencia de las dictaduras militares del siglo XX, hoy en el siglo XXI, son gobiernos inicialmente electos por el voto popular y se convierten en gobiernos autoritarios destruyendo el Estado de derecho. Esto nace, creo yo, con el autogolpe de (Alberto) Fujimori (en Perú). Y por eso justamente, después de Fujimori se aprueba y es un documento de avanzada, la carta democrática interamericana en la cual se habla de estas circunstancias más grises de alteración del orden constitucional en las cuales gobiernos inicialmente electos por el voto popular se convierten en gobiernos autoritarios, acaban con la independencia de poderes y, en los hechos, destruyen el Estado de derecho. Y al concentrar el poder, al someter a la justicia, dejan en indefensión a los ciudadanos aunque formalmente sigan siendo sistemas democráticos porque han tenido origen electoral. Ese es el gran peligro que tiene hoy América Latina. Eso es lo que comenzaron viviendo Venezuela y Nicaragua y hoy día ya ha llegado a extremos que han sido catalogados abiertamente como dictaduras pero es también un proceso que estamos viviendo en Bolivia y que nosotros obviamente no queremos que llegue a seguir el camino que han seguido Venezuela y Nicaragua. Por eso es tan importante enfrentar estas elecciones para evitar que lleguen a esa situación.

–Qué espera usted de la comunidad internacional con relación a esta prueba de fuego que tiene el electorado boliviano en octubre?

–Que haya un acompañamiento internacional efectivo, una presencia de observadores internacionales neutrales, imparciales. Antes venían por ejemplo observadores de Unasur, que no eran para nada imparciales.

–Eran enviados de los Kirchner, Rousseff, Maduro, Correa, los llamados gobiernos bolivarianos.

–Ellos venían a convalidar los abusos del Gobierno. Hemos pedido a la OEA que envíe a sus observadores, que ellos vengan desde mucho tiempo antes, no solo para acompañar las votaciones el día de la elección. Necesitamos que vengan a ver el conjunto del proceso. Hemos tenido situaciones en el pasado en las cuales se han inhabilitado listas enteras de candidatos por interpretaciones abusivas de la ley. En 2015 se inhabilitaron 228 candidatos en forma absolutamente arbitraria.

–¿La reelección de Evo sería el nacimiento de otro Maduro en América del Sur?

–Para decirlo en los términos de la Carta Democrática Interamericana, provocaría la alteración del orden constitucional en Bolivia. Por eso es que nosotros insistimos tanto en que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene la responsabilidad de anticipar el tratamiento de las demandas presentadas por distintos sectores democráticos bolivianos –entre ellos por mi persona– contra esta resolución del Tribunal Constitucional que habilita la candidatura de Morales. Advertimos claramente que la CIDH tiene la responsabilidad de evitar que haya en Latinoamérica un tercer país que siga la penosa ruta de Nicaragua y Venezuela.

ABC Color – Paraguay

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