“Con La Haya se cerró un capítulo y debemos asumir las consecuencias”

El editor del libro Bolivia en La Haya. Lecciones de la demanda contra Chile afirma que una de las lecciones de la sentencia de esa corte es “que el camino de la judicialización es equivocado”.

Pablo Peralta

El sociólogo Henry Oporto sostiene que los bolivianos estamos obligados a reconocer que con la sentencia de La Haya se cerró un capítulo de la historia y que “tenemos que asumir las consecuencias”.

El analista, quien conversó con Página Siete, es editor del libro Bolivia en La Haya. Lecciones de la demanda contra Chile, que se presenta hoy a las 19:00, en el auditorio de la APLP del edificio Las dos Torres.

¿Cuál es la significancia del fallo de La Haya?

Es seguramente el acontecimiento más importante, desde el Abrazo de Charaña, que se ha suscitado en cuanto a la demanda marítima y en la relación de Bolivia con Chile.

No obstante, y quizás por tratarse de un hecho tan importante es paradójico y hasta cierto punto insólito que un hecho de esa trascendencia histórica haya pasado tan a un segundo plano.

¿A qué se debería aquello?

Creo que tiene mucho que ver con el comienzo súbito del proceso electoral. Ahora bien, desde luego eso responde a una estrategia. Es el Gobierno el que precipitó el arranque del proceso electoral probablemente para justamente lograr este efecto: desplazar la atención pública del fallo de La Haya y de lo que significa.

¿Por qué publicar un libro sobre una “herida” reciente?

Es un hecho dramático y ese hecho dramático debería ser motivo de una reflexión profunda, de un debate amplio, muy sincero, muy franco de parte de los bolivianos, porque solamente así vamos a lograr que esta adversidad que hemos experimentado con el fallo de La Haya nos depare enseñanzas, lecciones que son absolutamente necesarias de cara al futuro del país y la intención del libro que publicamos es justamente reflotar el tema para llevar al debate público, llevar a la esfera pública preocupaciones y quizá sentimientos que anidan en muchos bolivianos.

En otras circunstancias, el fallo hubiera sido lapidario para un Presidente. ¿Qué opina?

Es verdad que eso no ha ocurrido, al menos por el momento. Evo Morales parece haber sorteado con cierto éxito las responsabilidad que otros sectores del país podrían señalarle respecto de los resultados del fallo de La Haya.

Creo que ha habido habilidad en el propio Evo y en su equipo de Gobierno justamente para soslayar la interpelación de la sociedad boliviana y eso tiene que ver justamente con esta estrategia de rápida electoralización de la coyuntura política del país.

Pero también se podría especular de que siendo el tema marítimo algo tan sustantivo a la memoria histórica, a la cultura boliviana, a la forma de ser de los bolivianos probablemente éste es un hecho que será recurrente, no quedará en el olvido, como una cuestión simplemente de un trámite judicial y nada más.

Si el fallo de La Haya resultaba favorable, la reelección de Morales se hubiera catapultado sin obstáculos, como piensan muchos. ¿Comparte esa lectura?

La apuesta que hizo Evo al llevar la demanda marítima a La Haya tenía, justamente, la finalidad de asegurar la reelección este año 2019. Ese era el gran caballo de batalla: Montarse sobre un resultado que se esperaba podía ser exitoso. Bueno, esa estrategia política ha resultado fallida.

Y eso tiene por supuesto consecuencias políticas: una de ellas es que sus posibilidades de reelección montándose en el caballo de la causa marítima han reducido significativamente y, además, el Gobierno ha quedado en una posición muy vulnerable, muy débil, para afrontar los cuestionamientos, los reproches, las críticas que seguramente van a venir de distintos sectores y por supuesto de la oposición política.

Hoy, claramente, el fracaso de La Haya es una de las debilidades políticas más importantes que tiene Evo Morales. ¿Hasta dónde eso debilita sus posibilidades electorales? No lo sabemos.

Es probablemente uno de los temas que habrá que observar con atención del proceso electoral que estamos ya viviendo.

Antes del fallo había un espíritu triunfalista en el Gobierno. Estudiando los artículos de los autores del libro, ¿qué falló?

El Gobierno hizo una apuesta muy arriesgada: judicializar la demanda marítima, un paso que otros gobiernos a lo largo de la historia centenaria del conflicto marítimo no lo habían hecho, salvo en los años de 1920 cuando el tema fue llevado a la Liga de Naciones, entonces fue una apuesta muy arriesgada.

El Gobierno se confió de modo excesivo, y probablemente ingenuo, en que tenía los argumentos jurídicos suficientes como para vencer en este proceso. Los hechos han demostrado que la postura jurídica del país resultó siendo endeble. El fallo de la corte no deja lugar a dudas.

Se trata, desde mi punto de vista, de una derrota sin atenuantes y por ello mismo creo que se puede hablar del fracaso de una estrategia, de la estrategia de la judicialización.

Ahora bien, esto tiene, además, consecuencias que van más allá del presente. Tiene una significación histórica. Yo creo que como lo ha dicho el historiador Robert Brockmann el fallo implica el fin de una era, en la historia de las relaciones boliviano-chilenas y en la demanda marítima del país.

Implica –él dijo– que la guerra terminó. Se pone término a una larga etapa que va desde la Guerra del Pacífico hasta estos años del siglo XXI, en los cuales la demanda marítima fue el tema central de la política exterior boliviana.

Entonces, creo que estamos obligados, los bolivianos, a reconocer con hidalguía este hecho, que se cerró un capítulo de la historia y que tenemos que asumir las consecuencias.

¿Cuál es la principal lección que deja el fallo de La Haya?

Que el camino de la judicialización es un camino equivocado, que nos ha conducido a la derrota y que no hay perspectivas de que de persistir en ese camino pueda darnos un resultado diferente del que ya hemos tenido.

¿El fracaso en La Haya puede ser también una oportunidad?

Sí. Te voy a dar dos o tres razones. La primera es que por demasiado tiempo la cuestión marítima ha sido un tema de obsesión nacional. Hemos creado en torno al mar y a la reivindicación marítima el mito, “el mito del mar” le llamo yo.

Ese mito se ha expresado en dos cosas. Por un lado, le hemos atribuido a la pérdida de la cualidad marítima la responsabilidad fundamental de atraso del país. Por otro lado, hemos depositado demasiadas ilusiones en que la recuperación marítima poco menos que iba a obrar el milagro de transportarnos al desarrollo, sobreestimando la importancia de tener un puerto soberano en el Pacífico.

A la luz del resultado que se deriva del fallo de La Haya es evidente que este mito ha perdido razón de ser y es de esperar que los bolivianos tengamos una actitud distinta, dejemos de obsesionarnos tanto con la cuestión marítima y le demos a la reivindicación marítima el lugar que razonablemente le corresponde, pero que dejemos de enfocarnos tan obsesivamente en la cuestión marítima.

Entonces, liberados de esa obsesión, liberados del mito del mar, yo creo que podemos concentrarnos como debería ser mucho más con lo que verdaderamente importa, que es hacer del siglo XXI el siglo del despegue económico, de la consolidación democrática, del potenciamiento nacional de Bolivia.

Página Siete

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